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FRAY BENTOS: 

UN NOMBRE, UNA CIUDAD, UNA FAMA MUNDIAL.

"HISTORIOGRAFIA DE LA CIUDAD DE FRAY BENTOS" (1857-1890)

Un paciente trabajo de recuperación de documentación y de tenaz persecución de los hitos históricos que fueron modelando a la pintoresca ciudad del litoral del Río Uruguay, capital del Departamento de Río Negro, está a punto de ver la luz. Treinta años de una tarea de historiador han llevado al fraybentino René Boretto Ovalle (53 años) a la feliz culminación en la edición de un libro de más de 300 páginas conteniendo datos inéditos del proceso fundacional de su ciudad, símbolo de trabajo y de cifradas esperanzas de inmigrantes que llegaron a Uruguay tras la aureola esplendorosa de la afamada Compañía Liebig, en aquella mitad del siglo XIX cuando miles de vacunos caían bajo los marronazos certeros y se convertían en su codiciado "extracto de carne".

En una encomiable acción de rescate, preservación y promoción del patrimonio citadino, Boretto relata en forma amena y muy documentada, los prolegómenos de Fray Bentos, mismo en el centro de una cruz de comunicaciones terrestre-fluvial que tuvo al río Uruguay como eje en momentos en que, como frontera con Argentina, era una vena abierta por la cual salían al océano las producciones de la industria agropecuaria binacional, gracias a la cual el renombre de los países del Plata se encumbró en Europa y otros países del mundo.

 

LA LEYENDA DE UN FRAYLE OLVIDADO. No existen documentaciones y la investigación ha sido mezquina y esquiva en echar luces sobre la penumbra de la leyenda, pero no hay dudas que hacia mediados del siglo XVII un frayle llamado o apellidado Bento o Vento, se refugió en las costas cercanas a las actuales barrancas del puerto natural fraybentino, quizá -opina Boretto- en una época coincidente con los esfuerzos del Gobernador Céspedes de Buenos Aires por catequizar los aborígenes de la banda oriental del Río de la Plata.

Estas informaciones, con los aderezos que cada uno le ha ido agregando a través de los años, se mantienen solamente como una leyenda, a pesar de que en una pequeña oquedad en las barrancas del hoy Paraje de "Caracoles" -poco al norte de la desembocadura del Río Negro en el Uruguay- se dice que el antiguo anacoreta vivió sus años y confraternizó con los indígenas de la región.

Lo que sin duda es cierto, es que en mapas de navegantes y cartógrafos europeos, el toponímico de "Fray Bentos" -con algunas variaciones en su escritura- está presente, con detalladas informaciones sobre las profundidades de las aguas en estas costas, lo que significa que, al encontrarlas convenientes para refugio de embarcaciones, fueron investigadas con detenimiento.

Pronto este nombre se asoció con las altas barrancas y los atracaderos relativamente profundos cercanos a la costa que existen alrededor del kilómetro 95 del Río Uruguay, lo que se incluyó en las referencias cartográficas.

 

UN RIO DE COSTAS HERMANAS. Hasta muy tarde en la historia del Río Uruguay, éste se consideró un elemento de unión entre las gentes y los territorios antes que una frontera política entre dos países. A partir de la época inmediatamente posterior a Juan Manuel de Rosas en la Argentina, el río se "internacionalizó" y barcos de todas las banderas comenzaron a surcarlo más asiduamente, valorizando y revitalizando la acción comercial del transporte fluvial, mucho más conveniente a causa de la inexistencia de caminos adecuados y seguros por tierra.

La acción benéfica del crecimiento y profesionalización del transporte comercial, a la que se agregó el transporte de personas mediante compañías navieras gubernamentales y privadas, tuvo una consecuencia inmediata en la radicación en ambas costas del río Uruguay de estancias y establecimientos que explotaban las riquezas de nuestros campos. Los saladeros, esencialmente, fueron las empresas más florecientes, cuando la carne salada o tasajo era un fuerte rubro de exportación para países que adquirían el artículo para darle de comer a los esclavos.

Este crecimiento acelerado del comercio en la región, favoreció la aparición y el mayor poblamiento de ciudades costeras, que casi siempre obedecieron a un deseo de integración. Ya lo diría el Vice-Cónsul uruguayo en Gualeguaychú (Entre Ríos), don Pablo de María, cuando reclamaba hacia 1857 la fundación de un pueblo en las barrancas de Fray Bentos:  "La fundación de la Concepción del Uruguay, trajo la de Paysandú; la del Salto, produjo la de la Concordia y la del Pueblo Federación en este último Departamento del Entre Ríos, dio lugar a la del pueblo Constitución, en el Departamento de Salto. Siguiendo este orden, la existencia de Gualeguaychú, en el litoral argentino, debe traer necesariamente la creación de un pueblo en Fray Bentos, que, estableciendo relaciones inmediatas con Gualeguaychú venga a aumentar el comercio en nuestro litoral y servir de punto de escala en el Uruguay para todos los buques que suban o bajen desde el Salto aquel magnífico río".

Este clamor estaba también en los intereses de la propia familia Martínez de Haedo, propietarios de las tierras del "puerto fondeadero de Fray Bentos" y, viendo la importante utilidad que éste prestaba para centenas de barcos que debían operar en Gualeguaychú, propusieron por dos veces consecutivas la idea de creación de una población, lo que no tuvo andamiento "por los dineros que insumiría tamaña empresa", según un testigo de la época.

 

UNA SOCIEDAD "MULTINACIONAL" FUNDA FRAY BENTOS. "A causa de tanto ruido que hacía el nombre de Fray Bentos" -diría en sus páginas un diario montevideano- un grupo de comerciantes e industriales radicados en el Río de la Plata, unió sus esfuerzos y sumó sus aportes pecuniarios -60.000 patacones de la época- para adquirir a los Haedo las tierras del puerto natural de Fray Bentos y donarle al gobierno la cantidad de terreno suficiente como para que éste creara oficialmente "la ciudad más importante de Sudamérica", según soñaba uno de sus gestores. Nombres como los del inglés Ricardo Bannister Hughes (uno de los fundadores de la Bolsa de Comercio y del Banco y Casa de la Moneda de la República Argentina); George Hodgskin, Manuel José Errazquin (oriental, sobrino de Dámado Larrañana y firmante de nuestra Constitución de 1830), Augusto Hoffmann (alemán emprendedor y acaudalado hombre de negocios), Santiago Lowry (de origen irlandés, saladerista, exportador y terrateniente), tenemos el orgullo de contar entre los impulsores de la fundación de Fray Bentos.

Nombres como el de José Hargain (comerciante vasco francés primero en radicarse con comercio en el puerto aún dos años antes de la fundación de la población) y de William Hammeth (agrimensor inglés que diagramó genialmente la planta urbana de la ciudad), deben sumarse al reconocimiento de quienes formaron parte de este proceso fundacional.

La hoy llamada Fray Bentos, comenzó su vida institucional llamándose "Villa Independencia" (bautizada así por el gobierno diría Augusto Hoffmann, uno de sus fundadores), pero nunca el vulgo dejó de llamarla con su nombre original, apegado a la perenne leyenda que perduraba flotando sobre las aguas del río Uruguay. Así, en Julio del 1900, una Ley hizo la justicia de devolverle a la ciudad la denominación que una tradición de casi trescientos años le tenía deparada como destino.

 

FRAY BENTOS; UN NOMBRE DESTINADO A RECORRER EL MUNDO. Los hechos que fabrican la historia, tenían reservado para el anecdótico nombre de Fray Bentos, una sorpresa: viajaría por los confines del mundo, llegando aún hasta la luna! (Continúe leyendo si desea enterarse cómo).

Hacia 1861, arribó a la recién fundada población, un inquieto alemán, lleno de juventud, de bríos y de ideas, el ingeniero Georg Christian Giebert.. La principal de sus inquietudes era establecer una fábrica donde desarrollar la propuesta del ya famoso químico alemán Justus von Liebig, de convertir carne vacuna en un ingenioso producto llamado "extracto de carne". Ni más ni menos: desde 1855 Liebig procuraba llevar adelante la idea de fabricación a gran escala de un producto de laboratorio por el cual se extraían los principales elementos alimenticios de la carne y se brindaban a la alimentación humana mediante un concentrado riquísimo en proteínas, de uso ideal para la alimentación, para la recuperación de enfermos y heridos, etc. El serio problema de Liebig era que en Europa, por el costo de la materia prima, era imposible desarrollar su proyecto nada más que en el reducido espacio de la Farmacia Real de Munich (Alemania), con un precio sólo apto para millonarios.

La prédica de Liebig llegó a oídos del Ingeniero Giebert quien vio "la espantosa pérdida de carne" que se producía en Uruguay, donde los animales eran abundantes, de precio bajo y no eran explotados con raciocinio; más bien sólo se aprovechaba su cuero, su sebo y algunas lonjas de carne para ser salada y vendida como comida para esclavos.

Giebert pensó primero en ubicar la procesadora de carne en Paso Molino, en Montevideo, pero he aquí que intercedió un amigo suyo, Augusto Hoffmann, uno de los fundadores de Fray Bentos que le llevó a visitar la zona, donde Giebert reconoció sus bondades "con un lindo puerto de mar, donde las embarcaciones atracan aún más cerca de la costa que en Montevideo".

Con esta visión, Giebert escribió a Liebig planteando su idea y como su carta cayó en olvido -desalentado el científico por otras propuestas fallidas- el inquieto joven viajó directamente a Munich para insistir personalmente. Esto le deparó el éxito, porque Liebig, llevado por el entusiasmo de su coterráneo, le puso a disposición todas las enseñanzas y asesoramiento técnico con lo que Giebert realizó unas pruebas "caseras" en un pequeño saladero cercano a Villa Independencia.

Diría Liebig en una carta: "Difícilmente haya experimentado nunca una satisfacción más grande que cuando recibí la carta de Mr. Giebert en la cual me anunciaba que él había enviado a Europa los primeros resultados de la fabricación del extracto de carne. La primera muestra llegó pocos días antes a Munich y tenemos la satisfacción de poder decir que, en calidad, aún excedió a nuestros cálculos, si tomamos en cuenta que fue producido con carne proveniente de vacunos casi silvestres. Mr. Giebert expresó el deseo de que el extracto fuera designado con mi nombre "extractum carnis Liebig" y como había sido preparado de acuerdo al método ideado por mí, accedí a tal solicitud".

 

UN INICIO HAZAROSO PERO UN ÉXITO CLAMOROSO. El año de 1863, cuando se producía el inicio de la revolución del Gral. Flores que derrocó al gobierno constitucional de la época, fue cuando Giebert comenzó a plasmar la idea del establecimiento industrial, adquiriendo tierras y ganados, formalizando la que se denominaría "Giebert et Compagnie". Esta empresa, en menos de un año demostró ser totalmente insuficiente en sus recursos e infraestructura para acceder a los pedidos de extracto de carne que comenzaron a amontonarse literalmente en los escritorios de la Farmacia Real de Munich. En vista de las circunstancias, Giebert viajó a Europa, planteó ideas de crecimiento y consiguió el respaldo de importantes comerciantes y banqueros ingleses y belgas, creando la "Liebig Extract of Meat Company", con sede en Londres, que se inició con la fabulosa suma para aquella época de medio millón de libras esterlinas.

Con máquinas ideadas por el propio Giebert y construidas en Glasgow (Escocia), la flamante empresa dio por iniciado un proceso de aprovechamiento integral de las riquezas pecuarias rioplatenses, planteando las perspectivas de establecimientos no sólo en Uruguay sino también en Argentina, sur de Brasil y Paraguay. Pronto, además del extracto de carne, la industria manufacturaba otros productos de gran aceptación en varios mercados, como sebo, lana, crin, huesos, polvo de huesos, astas, cueros, sangre seca, albúmina de sangre, harina de carne, lenguas ahumadas, lenguas en salmuera, fertilizantes orgánicos, aceites y grasas refinadas. Todo esto originó la perspectiva de crecimiento por toda Europa y conocemos que ya en 1867 se estaban gestionando la apertura de sucursales, depósitos y lugares de venta en Viena, San Petesburgo, Constantinopla, Varsovia, Nueva York y Madrid, además de los de Inglaterra y Amberes.

El consumo generado por el "revolucionario" producto hacía que la demanda fuera netamente superior a la producción, a tal punto que -aún siendo el triple más caro- se continuara vendiendo el extracto fabricado en Alemania.

Los principales consumidores, en una época en que Europa se debatía en serios problemas políticos y sociales, con enfrentamientos como la guerra franco-prusiana, la guerra de los bóers en Sudáfrica, etc., fueron los ejércitos, que encontraban en el extracto una ideal solución: proteínas en abundancia, concentradas, fáciles de transportar y ágiles en su consumo -4 kilos de extracto con agua caliente y trozos de pan, hacía una nutritiva sopa para 128 soldados-.

El extracto de carne fraybentino fue vitualla en ejércitos, lo llevó Stanley en su viaje al centro de Africa para rescatar a Livingstone, lo bebieron Nansen y su equipo descubridor del Polo Sur, lo recomendó Florence Nightingale para usar con los heridos en la guerra de Crimea.

El éxito y la promoción del producto fue tal, que llegó a ser nombrado por el propio Julio Verne cuando -en su novela "Autour de la lune"- eligió como desayuno para sus "cosmonautas", apenas llegaron al satélite, "tres tazas de un caldo excelente, debido a la licuefacción en agua caliente de las preciosas tabletas Liebig, preparadas con las mejores carnes de rumiantes de las pampas".

Esta promoción abarcó toda Europa y llegó a convertirse en uno de los fenómenos más interesantes en la manía de los coleccionistas, mediante las "figuritas" (figurines en Italia, Sammelkarten en Alemania) que la Liebig imprimía a todo color con el sistema de litografía, en series de seis ejemplares enseñando diversidad de temas como la historia de la medicina, la historia del pan, las aves y sus huevos, obras literarias famosas, escritores y músicos famosos, etc.

Desde 1875  a 1975, 7.000 tarjetas diferentes (muchos miles más si tenemos en cuenta las diferentes variaciones en cada país europeo) fueron impresas y distribuidas como obsequio a los compradores del extracto de carne. "Sobre todo al comienzo, cuando la televisión estaba lejos de ser inventada, aquellas figuritas tan hermosas de ver (eran en colores en un mundo dominado por el blanco y negro), servían de conexión con el resto del mundo que ignoraba sus cosas curiosas y desconocía por completo ciertos usos y costumbres", diría hace poco tiempo Franco Coscia, ex-coleccionista y directivo de la Liebig Company en Italia.

 

FRAY BENTOS, SIGUIENDO EL CAMINO DE LA CARNE. Cuando en los últimos años de la década de 1910 la Liebig acusó el desmedro causado por el resultado de la Primera Guerra Mundial, el establecimiento estuvo a punto de cerrar, hasta que en 1920 se produjo un negocio que hizo surgir a la que fuera la ANGLO DEL URUGUAY, con capitales netamente ingleses.

A este establecimiento le tocó desarrollar la novel tecnología de la industria frigorífica y hacer frente  a los compromisos de producir para dar de comer al viejo mundo, sumido en las conflagraciones de la II Guerra Mundial y la Guerra de Corea.

Nunca se hizo más real aquel dicho -nacido en épocas de la Liebig- que en Fray Bentos "lo único que se desperdicia es el mugido del vacuno". El aumento del consumo generó un crecimiento inusual de la empresa y sus instalaciones fabriles, a las que se sumaron durante décadas departamento tras departamento, produciendo no solamente conservas de carne -ideales para el consumo de las tropas aliadas- sino también varios subproductos originados en la faena de carneros, cerdos, pavos, vacunos y en el aprovechamiento de la producción agraria de la que surgían inigualables productos en su calidad como rabos vacunos, lenguas de cordero y de cerdo, pucheros enlatados, albóndigas, ravioles enlatados, salchichas, quesos de cerdo, salames, mortadelas, chorizos, panceta ahumada, lomito de cerdo, pildoritas, sesos, jamón, paté, frutas y legumbres enlatados, dulces y mermeladas, etc.

 

UNA HISTORIA PARA SER CONTADA. Mucho entusiasmo pone el autor de la "Historiografía de la Ciudad de Fray Bentos" cuando nos habla de su proyecto, que verá la luz en Agosto próximo. "Se justifica -dice Boretto- porque este libro es el producto de muchos años de trabajo, de consulta a bibliografía en varias ciudades -incluso en Europa- y el rescate de una memoria popular que es fundamento del patrimonio de mi ciudad. Pero la labor de un historiador no se detiene, porque siempre surgen aspectos nuevos, documentos desconocidos, referencias inéditas que hasta hacen rever lo que uno creía definitivamente estudiado."

"Por otro lado, dice nuestro interlocutor, cada paso dado en investigar la historia de Fray Bentos, fue un paso más hacia el orgullo de ser fraybentino, con una ciudad que en Europa se le ha tomado como sinónimo de calidad en carnes. Hoy día, en cualquier supermercado inglés, los mejores productos y subproductos cárnicos llevan la marca "Fray Bentos", porque los ingleses la adoptaron sabiendo que la gente recuerda ese nombre como lo de mejor calidad que se podía consumir".

"Cuando hemos promovido Fray Bentos a través de páginas en Internet, muchos europeos -especialmente británicos- se ven sorprendidos de enterarse que Fray Bentos es -además de la famosa marca- una ciudad en Sudamérica y nos han escrito, contándonos anécdotas de épocas de la guerra, cuando abrir una lata de corned beef en una mesa, era un motivo de fiesta familiar. Inclusive, medios de prensa como el "Sunday Telegraph" de Londres han enviado sus periodistas a hacer notas y hasta la BBC filmó en nuestra ciudad un capítulo de su producción mundial "El Mundo en un plato" donde se contaba la historia de la alimentación."

Fray Bentos, el viejo frayle Bentos, inició una historia. Fray Bentos, la ciudad y su gente, hicieron de esa historia aún más rica y perdurable. Le agregaron aspectos donde el trabajo y la solidaridad fueron esenciales en la conformación de una sociedad bien "a la uruguaya", donde los inmigrantes trajeron su esfuerzo, su trabajo, sus esperanzas y las regaron con sus sudores como si fuesen semillas destinadas a germinar en una tierra promisoria, de la que nació la nacionalidad oriental.

 

 

EL AUTOR

 

René Boretto Ovalle, el autor de la "Historiografía de la Ciudad de Fray Bentos", nació en esa ciudad el 20 de mayo de 1947; es casado y tiene dos hijas y dos nietas.

Desde joven, inició estudios e investigaciones en la historia y la arqueología de la región, llevándolo a crear el Museo Municipal de Historia Natural en 1969, en la órbita del municipio rionegrense. A través de esa institución, se realizaron docenas de publicaciones científicas y se alentó la iniciación de los congresos nacionales de arqueología, cuatro de los cuales fueron organizados por Boretto en el período entre 1972 y 1977.

En su faz de escritor, ha obtenido premios nacionales y fuera del país por sus relatos y cuentos. En especial, las temáticas se vinculan al rescate y preservación del patrimonio de su ciudad, como el caso de su reciente libro "Antología de la Apropiación Indebida", basado en el anecdotario de los obreros del frigorífico Anglo.

En la labor municipal, donde Boretto es funcionario, fomentó la creación de los Departamentos de Cultura y de Turismo de la Intendencia, de los cuales fue Director durante más de dos décadas. En el mismo ámbito, ha trabajado en el proyecto por el cual la Intendencia de Río Negro procura rescatar y revalidar el patrimonio histórico del ex Frigorífico Anglo y del Saladero Liebig. En ese sentido, es autor del proyecto del Museo de la Revolución Industrial.

En la incesante tarea de investigación y de rescate del patrimonio, Boretto es el Corresponsal en Uruguay del Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (TICCIH), entidad con sede en Inglaterra que nuclea a cincuenta países en esta temática.

Actualmente, continúa su tarea de investigación histórica y es propulsor de actividades de defensa, conservación y promoción del patrimonio, cuyos trabajos han sido presentados en eventos nacionales y en el exterior en eventos realizados en Canadá, Francia, Inglaterra, Alemania y Grecia.

 

 

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